Wednesday, March 29, 2006

Fontpad-da

En el estanque de los lotus, una preciosa flor de fucsia y sereno amarillo concita la cautivada mirada de los paseantes. Sobre el manto verduzco de la atiborrada agua y las flotantes hojas de los lotus, tan firmes como rocas, la flor posaba en digna soledad, resplandeciendo seductora.
Cuando entre las entramadas hojas de lotus, los peces persistían en encontrar un resquicio por el cual asomar sus bocas a las superficies; temblaban las hojas, haciéndolas mojar al rozarse. A los paseantes, su belleza cautivante les hacía detenerse ante el estanque, ciñéndolos irresistiblemente a una contemplación melancólica plena de deseos que cobraban vida en el impacto del metal con el agua. Sin embargo, la exuberante flor asistía incólume a la intensa aspiración del agua por rozarla. Allí seguían, la loada flor de coronación y el acuoso manto verde que en derredor la ansiaba. Crispada otras veces por la perseverante brisa, ilustraba un precepto espiritual: “inalcanzable por el agua, cual alejado del mal quien a Dios llevare en su hacer”.
Así, intrincada y divinizada, el deseo revivía en exasperación cuando al agua una marchita flor caía. Era su enaltecida existencia aquello que los paseantes gozaban contemplar. Sus vírgenes pétalos fucsia confluyendo en su relumbrante centro amarillo; su compasiva flexibilidad ante las sacudidas de las hojas que la acompañaban; su elevación inaccesible cuando las gotas salpicadas urdían abordarla. Sentían sus admiradores, al igual que yo, que era esta flor asimismo consciente que atemperada, y que por ello, cada día en el que el fulgor del sol le llegaba, nos reconocía con la intensidad de sus colores.
Envueltos ante tamaña belleza, finalmente llegó el día de nuestra sorpresa. Junto a las carpas fui testigo de aquel sublime encuentro entre la flor y el agua. El impulso a dar a conocer lo suave a mi ríspida piel me sobrevoló en ese instante: estaba aún la mitad de su manso cuerpo sobresaliendo en la superficie. Con todo, por amor, incapaz estuve de profanarla.
Marc Papàïs
Conde de Erialplatonia :j:

1 comment:

Dan said...

No hay mejor escrito que el genuino, ese que busca retratar un instante en el mundo interior; traducirlo en un armonioso tejido y presentarlo al mundo, construyendo un puente entre el edén y la calle de al lado.

Hacerlo es haber encontrado el verdadero arte.

Y hacerlo con elegancia es la diferencia entre el arte "chic" y el puro.

Una pieza muy, pero muy bien lograda.

Saludos.


PD: ¿Por qué no intentas incursionar al mundo de la literatura erótica? ;)...jeje